Un buen profesional de la
educación debe conocer el conjunto de estrategias, procedimientos y técnicas de
la enseñanza, adecuadas a las características psicológicas de los aprendices.
Para eso están la pedagogía, la didáctica, el currículo, la psicología de la
enseñanza y el aprendizaje, etc. Pero no basta con esto para completar el
capital cultural específico del profesional de la educación. También debe
conocer al alumno como un sujeto social.
Para esto se debe considerar
la complejidad del proceso de construcción histórica de los grupos de edad, en
especial en el campo de las nuevas generaciones. Los agentes escolares
necesitan entender la dinámica y la estructura de las nuevas generaciones como
colectivos dotados de ciertas identidades.
Éstas, en gran medida
están determinadas por las preferencias y los consumos culturales, en especial
los consumos culturales específicamente dirigidos a ellas. Hoy en día existe
toda una variedad de productos (bienes y servicios varios) dirigidos específicamente
a determinadas fracciones de edad, las cuales se convierten en target del
marketing y de la publicidad

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