La adolescencia es una
creación mucho más contemporánea. Este proceso de construcción de grupos de
edad no se termina nunca. A los adolescentes les siguen los pre-adolescentes.
La juventud se descompone en franjas y se prolonga más allá de las fronteras
clásicas (los 25 años). La prolongación de la escolaridad, las difiultades para
la inserción en el mercado de trabajo del capitalismo actual, las crisis
económicas, el costo de las viviendas, etc. extienden la etapa de la
dependencia de las nuevas generaciones con sus familias de origen. Pero lo que
más interesa a la docencia es que estas nuevas categorías de edad tienden a su
propia autonomía cultural.
Entre otras cosas, el maestro
debe saber que las nuevas generaciones son consumidores intensivos y lectores
de imágenes, mientras que la tradición escuela se basa en la lectura alfabética
(la famosa “lectura obligatoria”). En este sentido el aula es un lugar de
encuentro entre dos culturas, una tradicional y otra emergente. Y el docente no
puede desconocer las implicaciones pedagógicas de este encuentro, en la medida
en que debe convertirse en un factor catalizador del diálogo entre estos
lenguajes que tienen sus propias lógicas, virtudes y potencialidades.

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